TTIP (La gran putada).

El mecanismo ya se ha puesto en marcha. Goza de grandes adalides. Entre ellos, además de todos los piratas del Ibex 35, también están el Pp, Psoe y Ciudadanos. Los dos primeros votaron a favor en Bruselas, capital de todos los chorizos.
Se trata de la nueva ignominia, la que pretende ser definitiva.
Estoy hablando de la hecatombe que están pergeñando entre EEUU y la UE. Estoy escribiendo sobre el TTIP (Tratado Comercial de Libre Comercio).
Porque están empeñados en hacer un mundo más inseguro, y en el que la empresa esté por encima del ciudadano. Se trata de dar salida al stock productivo de EEUU. Se trata de hacernos comer mierda, de poner en valor (cursilada que no dice nada y que es muy utilizada por los políticos) aquel viejo dicho anarquista de “señor/a coma mierda, un millón de moscas no se pueden equivocar”.
Porque eso, entre otras lindezas, es de lo que se trata.
Las normas europeas son más restrictivas en cultivos transgénicos o en el uso de hormonas de crecimiento, los suplementos alimenticios o la aplicación masiva de antibióticos en el ganado, como también lo son en la privacidad de los datos, las explotaciones de hidrocarburos con la técnica del fracking o cuestiones laborales. (El País).
Traduciendo: Se trata de privatización, pérdida de soberanía y despido libre.
Por supuesto no lo hacen de forma burda. Utilizan un lenguaje sofisticado, técnico, economicista y legalista, pero el objetivo del texto no deja lugar a dudas.
EEUU tiene que colocar al mundo los excedentes que produce en materia de cultivos transgénicos, también quiere expandir aún más el terremoto del fracking, y para conseguirlo no se  para en barras y estrellas. Sus aliados europeos, con Merkelita a la cabeza, dirán a todo que si, y como siempre, tratarán de salvar los muebles hablando del crecimiento económico, y del aumento del empleo que se derivará de tal acuerdo. Lo harán. Y será mentira, como siempre. Porque el tal crecimiento que predicen se basa en premisas falsas, y aún en el mejor de los casos sería tan insignificante, que el costo en inseguridad, en pérdida de soberanía, y en poner de rodillas a toda Europa para beneficio de los especuladores. Aparte dejo lo bochornoso y lo catastrófico por obvio.
Lo nunca visto. Pasen y vean. El show de los horrores ya está aquí. Y si no lo impedimos los ciudadanos este circo viene para quedarse. El Pp y el Psoe (estarán orgullosos), como ya he escrito, ya han secundado la moción, pretensión o imposición de EEUU.
Los actuales gobernantes aplauden con las orejas. Sí, bwana.
Después se quejaran del crecimiento de unos desharrapados con coletas y con otra visión de las cosas.
La miopía os hará grandes. Mientras tanto nosotros, los habitantes de este mundo, haremos de cobayas para que unos centenares de hijos de puta se tiren a la bartola al sol en algún yate.
¡Hay qué joderse!


EL DESAPARECIDO OPÚSCULO SINDABLE (Segunda parte).

Cuenta el afamado viajero y antropólogo que fue Edward Sindable que cuando recibió el encargo de encontrar al doctor Windsor, perdido en el continente africano, lo primero que tuvo que hacer antes de aceptar el encargo fue superar su fobia a los viajes.
Después preparó minuciosamente la aventura.
Iba a viajar a una zona hasta ese momento ignota, sobre la que corrían rumores de que los aborígenes practicaban de día el canibalismo y el monoteísmo, mientras que por las noches se entregaban al mohín y al contubernio desaforado.
La cosa, como Sindable probó posteriormente, se trataba de un infundio más que algunos gobernantes habían expandido entre los habitantes más pánfilos, crédulos e ignorantes.
Sindable a propósito de aquel viaje dejó un opúsculo escrito de su puño y letra que entregó a la editorial 1:500 con el encargo explícito de que se publicara cuando él hubiera fallecido.
Porque allí, buscando al doctor Windsor, el viajero, africanista y xenófobo conocido que fue Sindable, topó de bruces con la hasta ese momento desconocida nación de los Trocontrongo.
Estando en ese sitio, y después de recorrer el perímetro de la nación descubierta, Sindable constató que en la nación de los Trocontrongo vivía la tribu de los Trocontrongo.
Esta Conclusión fue considerada como asaz sagaz en su tiempo. Y aunque la cosa le llevó su tiempo, si diéramos pábulo a sus mecenas, el trabajo de campo, adornado con cartografía muy precisa, y que publicó la editorial 1: 500 originalmente, resultó ser un éxito editorial sin precedentes posteriormente.
El librito apareció publicado bajo el título Savannah Shadows, pero cuando los anglosajones vendieron los derechos a los hispanos, ésta tribu le cambio el nombre y el opúsculo pasó a llevar el nombre más explícito de Los Trocontrongos.
Pese a ser un éxito mundial, si lo buscáis debéis de saber que el facsímil actualmente está descatalogado. También os informo de que si ponéis en la barra de cualquier buscador el nombre de Edward Sindable no os va a aparecer nada. Aunque eso sí, es conveniente que sepáis que esto no fue siempre así, porque hasta hace bien poco Edward Sindable tenía página en Wikipedia.
Ante lo cual, y a poco que reflexionéis, concluiréis que algo raro hay en todo este asunto.
CONTINUARÁ.
¿Doctor Windsor, supongo? Preguntó Edward Sindable al primer hombre blanco que se encontró.
El doctor Windsor, que en ese momento se encontraba siendo cocido en una enorme vasija de barro, ni se dignó a contestar.
Dos horas después, con la digestión hecha, Sindable, se bañó en el río.
Pero, ¿qué había pasado?
Lo cierto es que Sindable no dice nada de nada en su opúsculo del doctor Windsor por no considerarlo objeto de su estudio si exceptuamos ese encuentro gastronómico casual.
Sin embargo escribe que la nación de los Trocontrongo limita al norte con la sima Parrochita, al sur con el valle de Huesos Windsor, mientras que al este hasta un ciego puede ver los monumentales cerros Chochologo, y al oeste la mina de oro de la princesa Trocontrongo.
Y se explaya sobre la forma de vida de la tribu de los Trocontrongos con rigor cáustico.
(Transcripción extractada)
Los Trocontrongos son, al igual que sus primos sus primos los bonobos, un pueblo entregado a la lujuria, amantes de practicar su gentilicio. Allí todo es permitido. Hombres con hombres, mujeres con mujeres, hombres con mujeres, mujeres con hombres, ancianos con niños, niños con ancianos, y todo tipo de variantes más. Son felices. Están ocupados. Disfrutan de la vida. Celebran elecciones cada cuatro años para elegir al mandamás de la tribu, y el elegido o elegida tiene que estar dispuesto/a y presto a atender cualquier urgencia sexual que le plantee un vecino.
El plato más tradicional es la paella de explorador que acompañan de un espléndido licor de bayas salvajes.
A los dieciséis años obtienen la mayoría de edad, y el Estado les proporciona choza, vasija para ir a recoger agua al río y un cepillo de dientes reciclado, tal y como recoge su Constitución Oral.
Para celebrar tan magno acontecimiento hacen una fiesta a la que están invitados todos los miembros de la tribu, y el cantautor local les deleita entonando el bello tema Te doy una canción y digo Trocontrongo. Un gran éxito por aquellos pagos.
A estas alturas es de imaginar que os estaréis haciendo una pregunta:
¿Y qué hizo Sindable para no acabar en la olla como el doctor Windsor?
Edward Sindable, posteriormente Sir Sindable, era un hombre resolutivo. Fue por eso que llevó, como mejores amigos en su aventura, un viejo Cetme con varias cajas de munición, y un par de toneladas de dinamita.
Por eso cuando estuvo a punto de sufrir un mal encuentro, el incidente, que de conato no pasó, se saldó con la muerte repentina de veinticuatro Trocontrongos, y la voladura descontrolada de la periferia de la aldea a causa de su impericia en el manejo de argumentos.




EL DESAPARECIDO OPÚSCULO SINDABLE (primera parte).

Cuenta el afamado viajero y antropólogo que fue Edward Sindable que cuando recibió el encargo de encontrar al doctor Windsor, perdido en el continente africano, lo primero que tuvo que hacer antes de aceptar el encargo fue superar su fobia a los viajes.
Después preparó minuciosamente la aventura.
Iba a viajar a una zona hasta ese momento ignota, sobre la que corrían rumores de que los aborígenes practicaban de día el canibalismo y el monoteísmo, mientras que por las noches se entregaban al mohín y al contubernio desaforado.
La cosa, como Sindable probó posteriormente, se trataba de un infundio más que algunos gobernantes habían expandido entre los habitantes más pánfilos, crédulos e ignorantes.
Sindable a propósito de aquel viaje dejó un opúsculo escrito de su puño y letra que entregó a la editorial 1:500 con el encargo explícito de que se publicara cuando él hubiera fallecido.
Porque allí, buscando al doctor Windsor, el viajero, africanista y xenófobo conocido que fue Sindable, topó de bruces con la hasta ese momento desconocida nación de los Trocontrongo.
Estando en ese sitio, y después de recorrer el perímetro de la nación descubierta, Sindable constató que en la nación de los Trocontrongo vivía la tribu de los Trocontrongo.
Esta Conclusión fue considerada como asaz sagaz en su tiempo. Y aunque la cosa le llevó su tiempo, si diéramos pábulo a sus mecenas, el trabajo de campo, adornado con cartografía muy precisa, y que publicó la editorial 1: 500 originalmente, resultó ser un éxito editorial sin precedentes posteriormente.
El librito apareció publicado bajo el título Savannah Shadows, pero cuando los anglosajones vendieron los derechos a los hispanos, ésta tribu le cambio el nombre y el opúsculo pasó a llevar el nombre más explícito de Los Trocontrongos.
Pese a ser un éxito mundial, si lo buscáis debéis de saber que el facsímil actualmente está descatalogado. También os informo de que si ponéis en la barra de cualquier buscador el nombre de Edward Sindable no os va a aparecer nada. Aunque eso sí, es conveniente que sepáis que esto no fue siempre así, porque hasta hace bien poco Edward Sindable tenía página en Wikipedia.
Ante lo cual, y a poco que reflexionéis, concluiréis que algo raro hay en todo este asunto.
CONTINUARÁ.


DÍA DE LA MADRE (del 18-08-08).

Mis padres tuvieron cuatro hijas, después sufrieron un aborto y luego llegué yo.
Mamá, después del aborto, dijo que el siguiente nacería en La Coruña porque allí los niños nacían con más facilidades.
Fue por eso que a las seis de la madrugada del día dos de marzo de 1958 (hora de Cée. GMT+2:00 La Coru), y habiéndose despertado de forma inopinada con contracciones, papá llamó al taxista del pueblo y le dijo: “Ven para aquí que nos tienes que llevar a La Coruña”.
Luego barruntó para sus adentros: qué carallo, como es domingo aprovecho y voy a ver al Depor.
El taxista estrenaba coche ese día, no recuerdo el modelo, aunque me dicen que era un fabuloso Fiat 1500.
Mamá lo estaba pasando mal. A la altura de Carballo, justo enfrente donde hoy día está Conservas Calvo, no aguantó más y le dijo al taxista que parara que tenía que soltar lastre.
Allí mismo, sin más preámbulos, convirtió a papá en el primer hombre de su época en asistir al parto de su esposa.
Resistió poco. Por lo que recuerdo se desmayó o se medio mareó al poco, por lo que mamá que era una mujer muy echada palante se asistió a sí misma. Entre los dos conseguimos sacar con provecho el tema, salir del apuro y dejar todo echo un asco.
En el asiento trasero de aquel coche vine al mundo.
Posteriormente en aquél lugar pusieron una Sala de Fiestas a la que llamaron A Revolta. .Una vez nacido me llevaron a un sitio que se llamaba Clínica El Carmen. Allí el médico sólo tuvo que cortar el cordón umbilical, cosa ésta que causó mi primer trauma. Porque… había ido contento hasta allí. Viendo mundo. Miraba para abajo, veía todo aquello y pensaba, ¡vaya instrumental que gasto!  El “instrumental” resultó ser el cordón umbilical.
Mamá se quedó descansando toda la mañana, mientras yo mamaba que es lo mío. Sin embargo por la tarde ya repuesta (menuda mujer) dijo: “Ya está bien, vamos para casa que tengo más cosas que hacer que alimentar a este mamoncete”
Papá volvió a llamar al taxista, quien ya había limpiado la tapicería, y se había tomado veinte tazas con mi padre para celebrarlo, preguntó: ¿adónde vamos?
Mamá dijo: “a casa”, a lo que  papá replicó: “de ninguna manera al niño hay que bautizarlo en Cereixo”
Y allí nos fuimos.
Pepucho, un sacerdote de la aldea, destinado en Misiones y que andaba por allí de vacaciones, fue el encargado de echarme agua del Jordán encima.
Cuando salimos de la pequeña iglesia de Cereixo mi padre dejó una de sus frases para la historia: por fin tengo un hijo que meará de pie.
A lo que mi madre más práctica replicó: este niño va a ser ingeniero
Siento haberos decepcionado tanto, pero tenéis que saber que siempre he orinado sentado y que si ingeniero viene de ingenioso, quizá, aunque creo que tampoco.


ESTIMADO AMANCIO HORTERA:


¿Sería posible contactar contigo para hablar sobre cómo va el tema de mi adopción?
Porque verás, aunque tú todavía no me conozcas yo estoy muy ilusionado con el tema.
Tanto que, desde hoy, te ofrezco tal posibilidad. A mí me haría mucha ilusión. Así que, ¿por qué no te animas tú también?
Te ofrezco contarte cuentos diversos, diversión garantizada, dispendio total y una total sumisión a tú voluntad, y muy buenas palabras a la cocinera.
Debes de saber que sirvo para un roto y para un descosido. Tan es así que si en el futuro se estropea algo en nuestra casa no tienes de que preocuparte, yo me encargo.
Llamo al electricista, al fontanero, a los albañiles o a los mecánicos que nos arreglen la proa de ese nuestro yate, a quién sea. Soy un hombre dispuesto. Y si alguien se te pone farruco allí en la oficina, no te preocupes. Yo, lo despido.
Sí, porque debes de saber que para el yate ése que tenemos en gananciales tengo planes. Voy a empotrarlo aparcándolo en Puerto Banús, que al parecer es un sitio y no un puerto.
Date cuenta que de esta manera y casi sin llamar la atención, todo el mundo sabrá, allí en Marbella, que tú y tú heredero han arribado a puerto. Ecco. De paso también epatamos al personal.
Te lo aparco por la patilla, y después para que veas mi diligencia  hago un simpa en la gasolinera dónde le echemos la gasofa a la chalupa que imagino que tenemos por eslora.
Es más, si me llamas ahora, también puedo conseguir que alguno de mis amigos se una a una ronda de adopciones, y acabes, como es obligado en un buen adinerado, en familia numerosa.
Digo más, como todo el mundo sabe, y yo ahora te participo, tengo una prima puta en Cáceres, quien por un precio módico está dispuesta a hacerte un masaje con final feliz. Tú ya sabes: lavar y cardar. Secar y encerar. Lo que quieras. Te hace un somero en un plís, porque a ella  gusta de la variedad y la versatilidad que siempre aporta el hombre experto, plás. Y tú, a tu edad, es de suponer que ya eres todo un experto en el recuento de calderilla.
En fin, espero que al recibo de la presente, tanto tú, como tú señora, hija y animales de compañía, gocéis de buena salud.
Enseguida llego, estoy yendo.
Y, por favor, no hagas ni caso, ni putísimo caso, a esas personas que andan colgando en los muros del facebook pasquines diciendo que eres un explotador.
Tú tranquilo, como Amancio.
Te lo digo, más que nada,  para que aprecies mis dotes de chivato, y porque sé que la gente que dice tamañas aberraciones cae en el infundio, porque no es verdad que tú, papuchi, tengas a niñas en Marruecos trabajando jornadas interminables por 178 euros al mes para ésa nuestra empresa.
Es por eso que, ahora que hay confianza te lo digo: haces bien, papuchito. Sigue así, porque el día que te mueras, un día que intuyo de gran pesar para la humanidad, la hucha esa que me estás haciendo servirá para hacerme un ajuar y casarme en Las Vegas por todo lo Elvis con una remera morenita.
Gracias, papuchirrín.
Tú hijo al que tanto quieres, y el que tanto te va a deber en el futuro, aprovecha para desearte que tengas Feliz Navidad y un próspero año nuevo. Y, por si llego tarde guárdame una de albóndigas.
Tú felicidad es mi dicha.
Por cierto, como la niña ya te regaló un flashmob, que vete tú a saber lo que vendrá siendo, te envío un saco de patatas Kennebec que compré en Coristanco para ti.
De nada, hay que ir a lo práctico.



ANTES, DESPUÉS (Fin).

Cuando Mariquito Marqués se mudó de barrio pensó que iba a echar de menos a toda la fauna y flora con la que había vivido rodeado hasta ese momento.
Nada más lejos de la realidad. Pese a ir del barrio más o sea de su ciudad a uno de los más humildes, la fauna y la flora más o menos venía siendo la misma.
Atrás quedaba el recuerdo de Manolito Machetes, un individuo más o menos de su edad, y que un buen día sufrió un repente.
Eran los previos de la cena de Nochebuena cuando su padre le conminó: Manolito, a la mesa que ya está la cena puesta. Manolito no hizo caso. Su padre se lo volvió a repetir de forma más imperativa: Manolito, a la mesa, coño. Manolito siguió haciendo caso omiso. Y otra vez más: Manolito, cojones, ¡me cago en tú puta madre, a la mesa, joder! Manolito se levantó, fue a la cocina, abrió un cajón, extrajo un hacha pequeña que al parecer hay en todas las cocinas para vete tú a saber para qué, y le pegó un machetazo certero a su padre en todo lo alto de la calva.  
Manolito Machetes pasó una temporada a la sombra en un siquiátrico, y a día de hoy ya ha sido visto de nuevo por el barrio apuntando matrículas de coche sin que se sepa muy bien el objeto de tal diligencia.
También se acordaba de su vecina Fefita la Guatiné. Una mujer sin duda enfática con el don de mantener discusiones con varias personas a la vez.
Tan era así la cosa que el día que no chillaba parecía que estaba enferma, pero un día aulló más de lo habitual. Su nieto de quince años, y que vivía con ella, llevó a vivir a su novia a casa. La alegría, dicen los exagerados, llegó hasta el Tombuctú.
Al parecer la niña que era del género emprendedor le dijo a su suegra: oíste tú, personaja, lávame las bragas que me voy comer unas obesidades.
Como no podía ser de otra manera Fefita la Guatiné estalló en más cólera de la habitual. Abrió una ventana y desde el quinto piso en el que vivía tiró la maleta por la ventana.
En ese momento por la acera pasaba Brais el Píldoras, quien haciendo un escorzo dijo: Joder por poco. ¡Mecagonlacona! Después, impasible el ademán, vio salir de un portal contiguo a uno al que siempre confundía con su siquiatra y que en realidad era un vecino rentista. Se puso a su altura y le dijo: doctor la medicación no me va nada bien. ¿Y luego qué te pasa Braisiño? Preguntó el rentista siguiéndole el juego. Que tengo alucinaciones, doctor. A las veces veo llover maletas.

CONTINUARÁ.

 

En su nuevo barrio, Mariquito Marqués, avistó desde el primer día fenómenos extraños.
Un buen ejemplo de ello sería el hombre que vivía colgado de una ventana. Lo bautizó con el original nombre de Windows.
Se trataba de un antiguo proxeneta de tres al cuarto que vivía en un bajo, y que como tenía unos ingresos muy bajos utilizaba la ventana de su casa como oficina de recaudación. Desde allí pedía a los viandantes, a los del barrio, tabaco, unas monedillas que le faltaban para comprar algo o un tupper prestado para coger una de callos en el bar.
Windows que es de natural inofensivo, y amigo de darle a la sin hueso, sólo tiene una afición conocida: pegarle de vez en cuando a Cholo Choletas. Y aunque la cosa esté muy mal, vosotros también disculparíais la afición de Windows si conocierais a Cholo Choletas.
Porque sí, Cholo Choletas está como un auténtico cencerro, y aunque ni es peligroso en sí mismo es un auténtico incordio por el ruido que hace.
Debe tener sobre cincuenta años, cuarenta en Canarias, está ennoviado con La Tulipán, una mujer de fealdad destacable, de unos setenta años, noventa en Canarias, y portadora de un tesoro mensual: una pensión de mil pavos.
Cholo Choletas le administra los haberes con poco tino, y para ayudar a sufragar los vicios que mantienen la saca a postular todas las tardes. Al llegar a casa empiezan con la fiesta. El himno de la Legión, Soldadito español, el very best de la Pantoja y María Ostiz suenan hasta altas horas de la madrugada o hasta que Windows interviene puño en ristre.
A la tarde siguiente todo vuelve a ser un remanso de paz. Cholo Choletas le da un pitillo a Windows y si hace calor invita a La Tulipán a sentarse en el coche que ella pagó y allí se hacen un metro de Barcelona para solaz del respetable público.
Por supuesto los unos se escandalizan y los otros se enfadan, pero alguna de más allá se compra un paquete de pipas y mira. Y es que si Carmiña la Voluntariosa no existiera habría que inventarla.
¡Qué mujer!
De unos treinta y cinco años, Carmiña la Voluntariosa, vive con un soldado profesional que se llama Tupamaro y cuida con mucha diligencia a un señor muy mayor que responde al nombre de Olegario.
Olegario que al parecer dispone de ciertos posibles la lleva a la supermercado y le compra pertrechos surtidos. Ella agradecida se demuestra estremecida. Nada de francés, todo en Román y paladino.
O si lo queréis más claro acordaros de lo que decía la canción que hacía el toro a la vaca.
¿No la conocéis? Vale, la tarareo:
El toro a la vaca se la mete y se la saca/ y la vaca agradecida se la chupa estremecida/ Bado, badun, badero…
Pero, un día de trajines Olegario sufrió un parraque. Llegó una ambulancia en un ulular, y al rato de dejar al doliente en el hospital, el conductor se aproximó a consolar a Carmiña la Voluntariosa.
La ambulancia se balanceó con éxito, y desde aquel momento en el nuevo barrio de Mariquito Marqués hay una ambulancia de guardia todos los lunes, miércoles y viernes porque los martes, jueves y sábado está de guardia el butanero.
Sin embargo ni os podéis imaginar que fue lo que más le sorprendió a Mariquito Marqués de toda esta galería de personajes.
¿Lo adivináis o lo escribo?
Efectivamente, todos ellos votan al Partido Popular. Tará, tará, tarararará.
(Absolutamente verídico).



ANTES, DESPUÉS (primera parte).

Cuando Mariquito Marqués se mudó de barrio pensó que iba a echar de menos a toda la fauna y flora con la que había vivido rodeado hasta ese momento.
Nada más lejos de la realidad. Pese a ir del barrio más o sea de su ciudad a uno de los más humildes, la fauna y la flora más o menos venía siendo la misma.
Atrás quedaba el recuerdo de Manolito Machetes, un individuo más o menos de su edad, y que un buen día sufrió un repente.
Eran los previos de la cena de Nochebuena cuando su padre le conminó: Manolito, a la mesa que ya está la cena puesta. Manolito no hizo caso. Su padre se lo volvió a repetir de forma más imperativa: Manolito, a la mesa, coño. Manolito siguió haciendo caso omiso. Y otra vez más: Manolito, cojones, ¡me cago en tú puta madre, a la mesa, joder! Manolito se levantó, fue a la cocina, abrió un cajón, extrajo un hacha pequeña que al parecer hay en todas las cocinas para vete tú a saber para qué, y le pegó un machetazo certero a su padre en todo lo alto de la calva.  
Manolito Machetes pasó una temporada a la sombra en un siquiátrico, y a día de hoy ya ha sido visto de nuevo por el barrio apuntando matrículas de coche sin que se sepa muy bien el objeto de tal diligencia.
También se acordaba de su vecina Fefita la Guatiné. Una mujer sin duda enfática con el don de mantener discusiones con varias personas a la vez.
Tan era así la cosa que el día que no chillaba parecía que estaba enferma, pero un día aulló más de lo habitual. Su nieto de quince años, y que vivía con ella, llevó a vivir a su novia a casa. La alegría, dicen los exagerados, llegó hasta el Tombuctú.
 Al parecer la niña que era del género emprendedor le dijo a su suegra: oíste tú, personaja, lávame las bragas que me voy comer unas obesidades.
Como no podía ser de otra manera Fefita la Guatiné estalló en más cólera de la habitual. Abrió una ventana y desde el quinto piso en el que vivía tiró la maleta por la ventana.
En ese momento por la acera pasaba Brais el Píldoras, quien haciendo un escorzo dijo: Joder por poco. ¡Mecagonlacona! Después, impasible el ademán, vio salir de un portal contiguo a uno al que siempre confundía con su siquiatra y que en realidad era un vecino rentista. Se puso a su altura y le dijo: doctor la medicación no me va nada bien. ¿Y luego qué te pasa Braisiño? Preguntó el rentista siguiéndole el juego. Que tengo alucinaciones, doctor. A las veces veo llover maletas.
CONTINUARÁ.