Cuando Nador despertó
una mañana después de un sueño intranquilo comprobó asombrado que se encontraba
durmiendo en el tejado. Se había convertido en dragón mientras dormía. Asomó la
pezuña en el alfeizar de mi ventana, para que lo sacara a hacer sus
necesidades, pero al darse cuenta de que ahora contaba con la facultad de
volar, se lanzó a surcar los aires. En el barrio nadie se asombró, aquella
mañana Chachipén se había dedicado a practicar el vil fornicio con Tulipán en
el interior del coche, que ella le compró, y la gente estaba entretenida con los
prismátiacos. Con tanto éxtasis lo de Nador pasó desapercibido. Al fin y al
cabo, dragones ya los veían en los capítulos pirateados de Juego de Tronos. Sin
embargo, a Nador, volar y no llamar la
atención le pareció raro. Decidió vengarse. Puso el culo en ráfaga, tal cual
bandada asquerosa de gaviotas, y dejó todo el barrio echo un estercolero.
Cuatro lavados después, y viendo que la mierda corroía las carrocerías, los
vecinos alzaron sus ojos al cielo en busca de ayuda celestial. En vez de eso,
lo vieron a él, a Nador. Para lucirse y atemorizar al personal, Nador desplegó
las alas e hizo un picado. A resultas de tanta pirueta, le entró hambre y para
solventar tamaño apetito, una docena de niños se quedaron sin el bocadillo de
chope que tenían de merienda. Le estuvo bien empleado, no haber pasado por
allí. Nador aulló, aún no había aprendido a hablar, de satisfacción. Porque,
aunque él es más de Nocilla, todo hay que decirlo, y siendo un perro,
disculpar, un dragón, el chope le parecía un alimento inadecuado por asqueroso.
Volvió a volar, fue hasta la playa de Santa Cristina y con la máquina go pro
que llevaba instalada en el lomo me envió un enjambre de lorzas tomando el sol
y dándose unas aguas. Lo llamé practicando el silbo gomero. Acudió presto a mí
llamada. Me dijo que echaba de menos ser perro y que también echaba de menos
dormir arrebujado en el sofá. En el tejado, añadió, las noches se hacen muy
ventosas. No son de mí agrado. Además, se quejó, tengo antena pero no
televisión. Le comuniqué que nada podía hacer yo para mejorar su calidad de
vida, y me contestó que no me preocupara, que se ponía en mí lugar. Lo malo, y
eso no se lo dije, bastantes problemas tiene ya, es que desde que a Nador le
dio por convertirse en dragón, el ayuntamiento me tiene machacado. Están
empeñados en que pague plaza de residente. Y aunque eso pueda parecer malo, que
lo es, lo peor no es eso. Lo peor es que también quieren que recoja sus
deyecciones aplicando el artículo no sé qué del reglamento no sé cuántos. Les
argumento, eso no puede ser. En todo caso, cómo lo hago. Y siempre me contestan
lo mismo, eso no es nuestro problema. Es problema suyo y como es problema suyo,
usted es quien debe solventar el problema. ¡Tócate los bemoles! No sé, pero
para mí que tengo difícil conseguir que alguien me haga caso. Como siempre. Ya
me veo emplumado a multas y embargado hasta el fin de mis días. Y todo por
culpa de tener un perro que un día durmió mal y se convirtió en dragón. No sé,
pero para mí que La Metamorfosis es un libro basado en la historia jamás
escrita de Nador. Claro que ese es otro desparrame de marca mayor.
Andrea Levy no vive en mí barrio.
Foto de Enrique Villarino
Foto de Author
Foto de Author
Lo aseguro, Andrea Levy
no es la que pone sus blancas carnes al sol en mi barrio. Pero aunque no sea
ella la que lo hace, y sí Hildita, que así se llama la que expone sus carnes
blancas al sol, las dos son dos tienen algo en común, ambas son
revolucionarias. Una, Andrea, es la revolucionaría del Pp. Lo sabe todo el
mundo. La otra, Hildita, es la revolucionaria de mi barrio. Preguntarle al
Windows si necesitáis referencias. Y mientras una dice que el Pp es un partido
revolucionario, la otra es heredera de la mejor tradición parisina y sabe que
debajo del asfalto siempre está la playa. Además, por si no os habíais fijado
bien en las fotos, Hildita lee El Capital y Andrea no. Ella es más de amasarlo
mientras discursea, no en vano se apellida como se apellida, y claro como tiene
boca se equivoca. Como todo el mundo, pero ella se equivoca en plan
revolucionario. Constatemos pues el
milagro. Conste que lo hace para no desmerecer a sus vecinos. Porque si Andrea
tuviera como vecinos a Chachipén, a Tulipán o Windows, no diría las cosas que dice.
¡Qué va! Pero como ella se codea con Maroto, el de la moto, con Casado, el bien
dado y con Maíllo, menudo pillo. Claro, no es lo mismo. No es lo mismo una cosa
que otra. Lo sabe todo el mundo. Por su parte, Hildita, además de tomar el sol,
lee. Practica el onirismo conscientemente. Y en eso se parece a Andrea, que se
come entero el pollo y después escupe el hueso. Gente práctica. Cáspita, quién
lo niega. A tal cosa no se atrevería ni Mariano, el Fidel de la derecha. Al
contrario, Mariano aprovecha a Levy, a Maroto, a Casado y a Maíllo y fumando un
puro canta: fumando espero…Momentos íncubos los tiene cualquiera. Aunque, eso
sí, Mariano más. Hay que reconocerlo. Un presidente de gobierno, de cualquier
gobierno, tiene derecho a disponer de servicio. Y como ahora, para ser del
servicio conviene sacarse el título de algo, aunque sea de manipulador de
alimentos, Levy, Maroto, Casado y Mahillo aportan el título de Jóvenes Fulleros.
Por qué no adornarán con una bonita cofia sus orlas. Por cierto, el uniforme
está muy demandado en las más altas instancias. Es un hecho. Traje de pilonero:
aletas, gafas y tubo para respirar. Y, ¡a triunfar! Por el contrario, Hildita,
lee, toma el sol y sueña con que está en la playa; y mientras el atajo de
preparados habituales perpetran sus desfalcos, ella sueña con la primitiva, el
euromillón y con hacerse turista y mirar por encima del hombro a los aborígenes.
Los unos utilizan verbo, predicado y complemento directo como arma arrojadiza;
la otra discute con Tulipán. No es lo mismo. La Levy sueña que es graciosa y lista
y, efectivamente, es guapa (bueno, a mí me lo parece, qué pasa). Tiene
tantísimo potencial que un día de estos, y sino ya lo veréis, la hacen
ministra. Al fin y al cabo, si lo fue Leire, Pajín, Cospedal o Villalobos, cualquier
imbécil está en riesgo de ser izado a tal peana. Además, los que aportan
titulares sin querer son muy bien valorados. Fijaros, si no me creéis, en Wert
las burradas que soltó, las que hizo y lo bien que le fue después. Causa y
efecto. Hasta encontró novia con posibles el muy... feo. Ahora están en Paris haciendo el chorras, qué
si no. Sufriendo y paseando su amor por las orillas del Sena. Oh, la lá. Pues
eso, eso es lo que dice la Levy: ¡Oh, la, lá! Y se le pone la cara soñadora. Yo
no sé, pero casi que podíamos empezar a probar a hacerlo al revés. Empezamos
jubilándolos y después, si acaso, los hacemos ministros. No sé, puestos a decir
soplapolleces y ya que el Pp es el partido de los revolucionarios, lo mejor
sería practicar la contundencia y deslocalizar a todo este hartazgo de chusma.
El barrio.
Como se pasa el día en
la ventana no hay cosa que Windows no sepa. El problema, para los demás, que no
para él, es que sólo tiene sabiduría de lo que ve, de lo que oye y de lo que
imagina, porque si decimos que para todo lo demás es un zoquete, tampoco exageramos
un ápice.
Pese a todo, y como
vive en un bajo, Windows complementa sus escasos emolumentos gracias a la ventana.
De tal suerte que, si
pasas por mi acera, por su acera, por nuestra y vuestra acera, lo verás.
Seguramente también lo oirás, ¿Tienes un cigarrillo? ¿Me puedes prestar un poco
de café? ¿Me traes de Alcampo unas cosillas?
Ese es Windows siempre
eclético en sus postulaciones. Un auténtico fenómeno. Necesita de todo, acepta
de todo y conversa con todo lo que se mueve. Tiene gatos que campan por sus
respetos y da horas extras al barrendero con tanta colilla como arroja al suelo.
Su televisor está encendido desde que se levanta hasta que se acuesta, apenas
sale de casa y cuando sale va al bar. Dónde si no.
A su lado, puerta con
puerta, vive Chachipén. Forma pareja con Tulipán, y si bien Chachipén anda
mediando la cincuentena, Tulipan ya no volverá a cumplir 70. Su ocupación
principal es beber, y su hobby los gatos.
24 gatos según el
último censo. La calle, el trozo de espacio que ocupa su balcón, huele a pis, y
las pulgas están organizándose para poner un circo.
Todo cuanto tipo de
policía hay sobre la faz de esta tierra ha pasado a visitar a Chachipén y a
Tulipán. Creo que lo dan en Primero de Policía. Vienen, observan, con suerte
hablan con los interfectos, menean la cabeza y se van. Si alguien les pregunta
algo se limitan a decir “nosotros no
podemos hacer nada”. Ante lo cual, Windows que es un sabiondo y un poeta de
balcón, contesta encogiéndose de hombros.
Pero, molestan. A veces
molestan. Porque, beben y beben y vuelven a beber. Como si fueran peces en el
río y como si la vida fuera un villancico. Y como una cosa siempre lleva a la
otra, después de beber discuten. A voz en grito.
Todas las semanas
Tulipán, que es muy suya y muy de tratar de usted a Chachipén, sale al patio de
la urbanización y orea un decálogo de improperios. Del me cago en tu puta
madre, al hijo de puta malparido, todo es insulto. Así un buen rato. A veces, a
la fiesta se une algún espontáneo con derecho a frase. Entra al paño como un
miura, se enredan en un rosario de insultos, hasta que alguien llama a algún
cuerpo policial que, una vez personado en el lugar de autos, vuelve a constatar
lo habitual: encogimiento de hombros y frase ritual, “nosotros no podemos hacer nada”.
Mientras tanto, los
gatos se desperezan y corren detrás de la hojarasca, el vecindario se agolpa en
los balcones a ver el espectáculo. El dúo trágico-cómico integrado por Chachipén y Tulipán va a hacer un bis. Los signos y señales son inequívocos. De repente,
Chahipén, balanceándose, salta el balcón, se dirige a Tulipán y agarrándola de
los pelos dice a voz en grito: “pasa para
casa, pedazo de puta”. La policía ve, la policía oye y la policía vuelve a
repetir: “nosotros no podemos hacer
nada”.
Y vuelta a empezar. Windows ya está en su ventana, oficina de recaudación
número 3, Chachipén y Tulipán duermen la mona juntos y 24 gatos cagan y mean en
los chalés adosados de enfrente.
Son las ocho de la
mañana, comienza un nuevo día y hace sol. Seguro que hoy baja Hildita a tomar
el sol y a hacerse la intelectual.
Y es que, hoy puede ser
un gran día.
Los primeros turistas, Adán y Eva.
Foto sacada de El Comercio
Jamás y bajo ningún
concepto justificaré la violencia. Aunque, a veces, la pueda comprender, no es
permisible en ningún caso. Y menos que ninguno, para decidir quién es y quién no
es turista. Hasta ahí podíamos llegar. Turistas somos todos. ¿O es que acaso
alguien por el mero hecho de haber nacido en algún sitio es propietario de ese
sitio? Así que, tonterías las justas.
Según Forrest Gump,
filósofo y costumbrista, tonto es el que hace tonterías. Si aplicamos esta
corriente de opinión, que aun siendo tonta parece bien fundamentada, habría que
homologar a turista con aborigen. El turista hace tonterías y el aborigen,
aplauda la gracia, o abomine de la misma, suele ponerse a la misma altura.
Empatados. Como cantaban antes los ciegos que vendían cupones: dos iguales para hoy.
Sí, porque el aborigen,
aparte de lo natural de su tontería y de creer que el nacimiento otorga derecho
adquirido sobre la tierra, con el turista suele tener básicamente dos caras: la
amable que extorsiona, y la quejosa. El que vive del turismo está encantado con
los turistas, y los que soportan a los turistas están hasta el moño de tales
hordas.
Y aquí viene lo raro,
porque España desde que optó por hacer del turismo su industria motora, vive
encadenada al turismo. Lo malo es que, al principio, el modelo elegido fue el
turismo de masas, el de baja calidad. Lo que ofrecíamos, aparte de sol, toros y
paella, no era nada del otro mundo. Costumbres rancias, pensamientos obsoletos
e integrismo religioso. Claro que los inmuebles hosteleros no iban más allá de
la fonda cutre o de la pensión de la Tía Paca. De aquel quiero y no puedo, que
empezó cuando el burro de López rodó, como decía el chiste de La Codorniz, quieren
pasar ahora al turista de élite. Lo malo es que la especialización en turista
mochilero y peregrino es más que obvia. Sin embargo, como decía, ahora la
Autoridad Incompetente aspira a otro modelo de turista. Acaban de descubrir que
un turista común en EE.UU gasta cuatro veces más que en España por hacer lo
mismo. Y como ahora aquí tenemos hoteles con más estrellas que el firmamento, fondas
y pensiones para todos los gustos y apartamentos y campings para amantes de lo
intrépido, se sienten obligados, ya que es lo único que crea empleo, a
actualizar el modelo de turista antiguo y cambiarlo por el de la gallina de los
huevos de oro. Pese a todo lo dicho, ponen poco empeño en la cuestión. Como en
todo. Nuestra principal industria se sigue sosteniendo gracias a la avalancha de borrachos, alborotadores y ruidosos que
aquí vienen a deslocalizar sus flatos.
Ante lo cual habría que
preguntarse, ¿si nuestra industria más puntera es el turismo, qué preferimos
fabricar Rolls Royce o Biscúter? ¿Cuál es el modelo de negocio a seguir?
¿Tienen algo en la cabeza… hay alguien ahí?
Ahí está la cuestión.
También haríamos bien
en erradicar al hostelero aficionado (en Galicia el problema alcanza cotas de
epidemia) de la faz de la tierra. Podíamos hablar de la avaricia, de la mala
praxis y de los robos de ínfima cuantía que practican algunos de estos
aborígenes.
Cuento lo siguiente:
Parábamos el otro día
(las cosas siempre suceden el otro día) en un bar. Diez y media de la mañana.
Aforo completo. En la barra pedimos dos cafés y dos tapas de tortilla. Por
favor. Tortilla no hay. ¡Caray, debe ser temprano! Vale, pues dos cafés. ¿Cuánto
es? 2,20 €, contesta amablemente la chica que nos atendió. La chica marcha
apurada a hacer otras cosas, y como teníamos algo de prisa, volvimos a decirle
a la otra persona que estaba detrás de la barra: nos cobra dos cafés, por favor. Ni corto ni perezoso, el que parecía
ser el dueño contestó: 2,40 €. ¡Cómo, nos acaban de decir 2,20! Ah, pues,
2,20€.
Y así continuamente.
Eso sí, después cuando vamos a hacer el turista a otro país nos quejamos, y
mucho, de lo incívica y ladrona que es la gente.
Creo que si escribiera
algo de la paja y de la viga en ojo ajeno la cosa estaría bien traída, pero
tampoco quiero abusar. Al fin y al cabo, es sabido que hay mucha gente que
tiene el ojo en el culo.
¿Cuándo acaba la Transición?
Gloria López fotografía artística
Durante la Transición
nos colaron la milonga de la reconciliación. En aras de la confortabilidad, de
un sueldo y de acomodarse a las circunstancias, fueron muchas las personas, de
indudable relevancia, que aceptaron el café para todos. Aceptaron la diferencia
como forma de indemnización por haberse tenido que exiliar, por tener que
soportar maledicencias y campañas de descrédito a todas horas. Pusieron la
mano.
La Transición se
encargó de conciliarlos a todos.
A los herederos del
dictador los premiaron con dos títulos de nobleza, se les preservaron las
propiedades y se les dejó vivir en España gozando de todo lo robado. Todo el
mundo tragó. La incipiente democracia estaba en constante peligro y, según nos
decían, no se podía hacer lo que era de justicia, sino lo más conveniente. Todo
el mundo tragó. La milonga de la reconciliación y del café para todos, se
instauró, y así hasta hoy.
Los Franco siguen
siendo los Franco. El Pazo de Meirás sigue siendo de ellos. Han pasado 42 años
desde que muriera el exageradísimo general y las cosas siguen donde estaban.
Antes por no marear la perdiz, y ahora porque la sensatez de los políticos no
da para más. Estamos donde estábamos. No avanzamos. Ni tenemos democracia de
calidad ni farrapos de gaita. Seguimos en la componenda y en hace cincuenta
años. Nos venden milongas y la gente ávida de comprar, compra. Compre, señora
compre, pantis de Logroño, que le llegan hasta el mismo, co…compre, señora
compre. Pues eso. Ahí seguimos.
Sin embargo, en
Alemania donde son más brutos y más bávaros de lo suyo, no se andan con tantas
componendas. Allí, Hitler, su parafernalia y su apología están ilegalizados.
Tan es así, que dos chinos que se encontraban frente al Reichstag haciéndose
fotos, con el brazo en alto y gritando “Heil
Hitler” fueron detenidos e imputados por “usar símbolos de organizaciones ilegales”.
O sea, igualito que aquí,
pero al revés. Porque aquí la chusma seguidora del general de las piernas
cortas estaba, hasta hace poco, subvencionada por el Estado protector. Sus
actividades no sólo son legales, sino que además están amparadas por los que
detentan el poder.
Ante lo cual uno se
pregunta: ¿Quiénes son los raros, los alemanes o los españoles? Y obvia es la
respuesta: los alemanes, por supuesto.
Los alemanes no tienen
ni idea de lo que significa cinismo, reconciliación y café para todos.
Aquí, en España, el
Jefe del Estado fue elegido por el antiguo dictador, los congresistas gozan de
prebendas ideadas en la Transición para proteger a los exiliados retornados de
la indigencia y del juzgado (aforamientos), y aunque han pasado 40 años de
aquel simulacro de democracia, a la hora de poner la mano todo el mundo se da
prisa.
Tan es así, que si la
anécdota de los dos chinos hubiera sucedido en España, se solventaría
invitándolos a un tour por el Valle de los Caídos y por el Pazo de Meirás. Eso
sí, todo ello con cargo a los Presupuestos Generalísimos del Estado.
De las redes sociales.
Gloria López fotografía artística
Ni escribo con afán
sociológico ni tampoco practicando eso que ahora se viene llamando el “postureo”, sólo escribo. Y constato que
las redes sociales han venido a cubrir un hueco que casi todos teníamos en
nuestras vidas. Bueno, hay gente que ese hueco ya lo tenía cubierto antes.
Hablo de algunos espectadores-despotricadores que van a ver espectáculos para
luego cagarse en algo o en alguien, independientemente de si el espectáculo es
bueno, malo o regular. Hablo de los críticos profesionales, ahora con plataforma
y que la utilizan como púlpito desde el que arengar a los infieles. Hablo de
los que siempre tienen razón. De los tontos del culo, que siempre tendrán
escusa, porque de ellos será el reino de los cielos. De… de todos esos. Bueno
hay mucha calaña, tampoco se trata de referenciarlos a todos. No daría abasto.
Al fin y al cabo hablaba de excepciones y es ahí donde las redes sociales han
venido a democratizar el despropósito. Ahora todos somos así, y por mucho que algunos
nos neguemos a engrosar tal batallón, en él también estamos. Porque, hay que
decirlo: todos los que estamos en una red social, todos, estamos abocados a la
gilipollez. Supina. Antes o después. Todos. Del fenómeno no se salvan ni los
más fenómenos entre los fenómenos. Todos. Y si no me creéis, abrid el muro de
alguien y mirad lo que pone. Foto de perfil, majo, majete como un salmonete.
Foto de portada, ¡ay, qué currada! Información de la biografía, cuidadito no os
llevéis un golpe. Estudios, sí y un jamón por la universidad de Firestone.
Amigos, ni de coña, eso no son amigos, eso son conocidos y gente que pasaba por
allí. Nivel de bondad alcanzado, level Dios. Continuamos a bingo. Alcance de la
publicación, hasta donde habite el neutrino común. Foto de comidas, escandaloso
es el querer. Foto de la guarrilla común, te pide amistad y se llama Yolys
Ulthramunder. Dice que folla, que está muy caliente y que necesita a alguien
muy, muy dotado. Bien, no habla de mí. No tengo dote alguna. Pasemos a otra
cosa, mariposa. Demostración del nivel cultural, no escribir por si ascaso, por
si acaso. Nivel de patada al diccionario, a seguir. Siempre. Aficiones,
diversas son las series. Fotos, muchas, a mandar. Álbumes, más que suficientes.
Fotos de tu pie, bien, gracias por el oreo. Foto de la cocorota, por delante y
por atrás. Foto de momentos íncubos, arriba y abajo. Nivel de tolerancia al
político, va por zonas. Zona azul, Arriba España y se acabó. Zona roja,
prohibido aparcar lechuginos. Zona verde, residentes y jubilados. Me gusta, Qué
gracejo, Me asombra, Me divierte o Me enoja y de paso, y tal vez, le doy al me
gusta, muy gustosamente. Vuelven las relaciones sociales, ahora en diferido.
Uy, no me puedo olvidar de dar al me gusta de no sé quién, no vaya a ser qué;
uy, no me puedo olvidar… Agenda de hoy: Luis coge el paraguas porque van a caer
chuzos de punta ahí donde vives. Luis, has eliminado a un amigo, no te
preocupes, no se lo diremos. Estado del bicho, es complicado. Entro en éxtasis:
Ay, caray, que me sabe a Calisay. Pero, faltan cosas. Cosas necesarias y que si
las tuviéramos se harían imprescindibles. El botón del “sabes”. El botón del “mecagonlacona”.
O el botón de “a rañarla”, para
los gallegos; para el resto del personal dos opciones: versión vernácula de su
elección o frase castellana tipo: “a
tomar por culo, coño”. Se puede estudiar la versión polaca de fin, “koniek”. Mola mazo. Tanto como el botón
“O sea” también es muy pedido en
algunas instancias, y el botón “mecagonlamadrequeteparió”
demandado por algunos pagos, para solventar múltiples situaciones.
En las redes sociales
el mundo es un pañuelo, y aprovechando que todos, absolutamente todos,
disponemos de plataforma, aprovechamos la coyuntura y expresamos, casi mejor
que en ningún sitio, cómo somos realmente. Lo que molesta se bloquea y a quién
no quieres ver, no lo ves ni aun siendo supuestamente amigo. Sé de casos. Lo
que sí es obvio es que el que es imbécil lo es independientemente de que tenga
o no tenga perfil en red social alguna. Porque el imbécil es como Dios, pero
sin misterio: ubicuo, omnipresente y omnisciente. Una auténtica plaga.
Y ahora viene la mala
noticia, después de observar la cosa ésta con distancia y altura suficiente, he
decir que la cantidad de anormales que circulan por las redes sociales es
directamente proporcional a la cantidad de mamarrachos que hay por las calles.
Por tanto, ni os extrañéis ni os hagáis los puros ante los comentarios de los
más merluzos. Porque, amigos y amigas, todos y todas: estamos en riesgo.
Así que el que esté
libre de pecado que tire la primera piedra.
Pd. “Mecagoenlamadrequeteparió”, ¿quién fue?
Venezuela y los pajaritos.
Foto sacada de Google
No me vais a creer,
seguro, pero, ¿si os digo que no tengo ni idea de que es lo que está sucediendo
en Venezuela, me creéis? Pues eso, no tengo ni idea. Y soy de natural curioso,
muy curioso. Pero, nada, no me entero de nada. Para mí que tengo algún tipo de
incapacidad. Es más, lo voy a decir: me declaro incapaz. O sea, más. Incapaz al
cien por cien para entender algo de lo que pase allí. Aunque, también he de
manifestar que mi falta de interés es notorio. Lo que pase en Venezuela me
interesa, retóricamente escribo, tanto como lo que pasa en Birmania de Arriba.
Así que, si ahora mismo os asomáis a la nada, ahí me veréis. ¡Hola, qué tal!
Totalmente desinteresado. Estas cosas del mundanal ruido no van conmigo. Demasiada
gente hay ya ocupada en la cuestión. Tampoco es cuestión de entrometerse.
Sabiondos suficientes tiene la madre iglesia. Pues, no sé si os habéis dado
cuenta, pero en este país si no estás al cabo de la calle de lo que pasa en
Venezuela, no eres nadie. Estás desinformado. Peor, eres un desharrapado
cultural, un descamisado de la política. Y si no, llevarme la contraria. ¿O no
lo veis? Porque yo sí que lo veo. Veo veo. Veo como los de la derecha, o sea,
los más proclives a hablar del tema, hablan de lo suyo y como los de
izquierdas, ¿pero, hay de eso?, imitan la cantinela, y hablan lo mismo, pero al
revés. O sea, no entiendo nada. ¿En los supermercados hay escasez o abundancia?
¿En las calles hay libertad o represión? ¿En Venezuela hay petróleo o hay
árabes? ¿O es que acaso Venezuela es un país caribeño donde hay petróleo y
donde los mandamases se comportan como si fueran árabes? Ay, yo no sé, brother.
Numerao, numerao, viva la numeración. Tú
sabrás. A mí me importa un quintal de yemas de huevo la cuestión. Además,
¿Venezuela es un país o una entelequia? Y abundando en la abundancia,
¿Venezuela es ese país en el que al presidente le hablan los pajaritos? Ay, yo
que voy a saber, mi amol. Sobre este tema, Venezuela, sólo sé que no se nada.
No, no entendáis que me hago el listo haciéndome un Sócrates, no. Es que no
entiendo nada. No entiendo lo que pasa allí y tampoco entiendo la preocupación
que tienen algunos de aquí con lo que sucede allí. ¿El contagio es por ósmosis
o algo así? ¿O, tal vez, la cosa, como es contagiosa, se propaga primero entre
los más gilipollas hasta alcanzar su pico plasmático y amenazar epidemia? Sin
distingos. Porque, si algo tienen en común tanto tirios como troyanos es su
preocupación por Venezuela. Y digo yo, y que conste que lo digo sin ánimo
alguno de molestar, ¿si tanto les preocupa Venezuela, la libertad de Venezuela
y lo que haya o deje de haber en los estantes de los supermercados de
Venezuela, por qué no les envían un óbolo a los habitantes de Venezuela, o sea,
a los de allí, a los venezolanos y se dejan de dar la lata a todos los que no
somos venezolanos? Porque, no me toméis por insensible, pero bastante tengo yo
con lo que tengo, como para preocuparme encima de todo el pueblo venezolano.
Porque, así en conjunto, no me va nada bien: demasiada gente de la que
preocuparse. Además, puestos a preocuparse, también tendrían que preocuparse
por lo que pasa aquí. Digo yo. Porque aquí la cota de puteo ya hace tiempo que
alcanzó el pico plasmático y ahí sigue, dando la murga. Pero, nada: como la
gente está contenta con lo que pasa aquí, protesta por lo que dicen que pasa
allí. Porque, ¿os puedo hacer una pregunta? Bien, vale, otra. ¿Vosotros estáis
contentos con la España de mierda que le estamos dejando a nuestros hijos, a vosotros
os parece bien que nuestros hijos estén viviendo ya peor que nosotros, os
parece bien que el político que gobierne, el de turno, te tome el pelo, que
prácticamente te sodomice, mientras él goza de todo cuanto privilegio se le
pueda pasar por la cabeza, de verdad que pasando las cosas que pasan aquí te
preocupa lo de Venezuela? Desconocido/a, ¿tú crees que eres normal? No sé, para
mí que el asunto Venezuela se os está yendo de las manos, pero… vosotros
sabréis. Sarna con gusto dicen que no pica.
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